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Edición Abril 2026 | Año 2 | N° 16 – Salud mental del personal sanitario: cansancio, sobreexigencia y la urgencia de construir espacios de cuidado colectivo

Por Lic. Lis Aguilera, Comité de Prensa de la APE
aperevista@gmail.com

Agustín Barúa Caffarena. Psiquiatra, antropólogo e investigador en salud mental comunitaria.

El desgaste profesional, la sobreexigencia, la falta de diálogo institucional y la ausencia de una cultura de trabajo en equipo configuran un panorama crítico para la salud mental del personal sanitario en Paraguay. En esta entrevista, Agustín Barúa Caffarena analiza las causas profundas de este malestar: una formación profesional que desprecia lo sensible y niega el derecho a pedir ayuda, climas institucionales enfermos, adultocentrismo, y un contexto social y político adverso. Propone como estrategias fundamentales la construcción de espacios colectivos de confianza y escucha genuina, el fomento del intercuidado de equipos, la participación política en temas colectivos y la revisión de los currículos de formación de pre y posgrado.

INTRODUCCIÓN

La salud mental de las y los profesionales de la salud se ha convertido en una preocupación creciente, especialmente después de la pandemia. Sin embargo, las causas del malestar son estructurales y anteriores a la crisis sanitaria. Agustín Barúa Caffarena, referente en el campo de la salud mental, conversó con la APE sobre los padecimientos que afectan al personal sanitario, las lógicas institucionales que los profundizan y las estrategias para construir entornos laborales más saludables.

A continuación, presentamos los ejes centrales de su análisis.

DESARROLLO

  1. Un diagnóstico descarnado: cansancio, sobreexigencia y climas institucionales enfermos

Barúa Caffarena inicia su análisis describiendo el estado actual del personal sanitario:

“Con excepciones, yo veo que la salud mental profesional sanitaria está muy lastimada. Hay muchísimo cansancio y desgaste. Con cansancio, uno no puede pensar lo nuevo, sobrevive. Hay muchísima sobreexigencia. La gente corre para cumplir sus tareas de aquí para allá. Es un modelo profesional donde la persona no puede bajar la guardia, está todo el tiempo en tensión y eso genera un clima de desconfianza muy hostil, muy cargado, muy explosivo”.

Añade que en estos contextos se apela a los chismes, al grupismo, al alcohol, las drogas y la conflictividad relacional como válvulas de escape. También identifica una presión por un modelo de éxito profesional que exige saber siempre, ser puramente técnico, y que prohíbe el derecho a pedir ayuda:

“Hay una mercantilización del sentido profesional cada vez mayor. Un modelo de éxito profesional que prohíbe el derecho a pedir ayuda, lo cual nos vuelve muy peligrosos”.

Sobre los climas institucionales, señala:

“Hay climas institucionales muy enfermos. No hay diálogo, no hay cuidado y todo eso produce un efecto deshumanizador. Las instituciones no tienen herramientas para poder autopensarse. Operan sin límites, sin reflexividad y ceñidas por intereses muchas veces particulares”.

La ausencia de cultura de trabajo en equipo es otro factor crítico:

“No vemos la dimensión grupal de los procesos, no tenemos formación para la salud grupal: todo es individual. Cuando una mirada individualista aborda el equipo, lo que tiene es alguien que da órdenes de manera autoritaria y verticalista. No se sabe trabajar interdisciplinariamente. Nos amenaza el trabajo interdisciplinario”.

  1. Las causas profundas: educación que desprecia lo sensible, falta de derechos y adultocentrismo

El entrevistado advierte que las causas son complejas y requieren una conversación colectiva, pero arriesga algunas claves:

Educación profesional que desprecia lo sensible: lo sensible es lo que nos permite darnos cuenta de lo que sentimos, pensamos y hacemos para transformarlo. Sin sensibilidad, no hay cambio.

Educación que niega el derecho a no saber: eso lleva a mentir, a decir que se sabe cuando no se sabe.

Educación que niega el derecho a pedir ayuda: allí nos volvemos profundamente iatrogénicos, incluso contra nosotros mismos.

Falta de derechos concretos: “No hay salud mental sin salud y no hay salud sin derechos”.

Adultocentrismo: la pretensión de superioridad de los adultos sobre las generaciones jóvenes. Los problemas de salud mental se ven como “cosa de jóvenes”, y los adultos esconden sus propios padecimientos.

Machismo: el principal psicofármaco masculino es el alcohol.

Sociedad trancada en miedos y enojos: sin capacidad de reconocer los miedos, se ataca basado en ellos. Por afuera se ven enojos (por ejemplo: argelería), por dentro hay miedos y descontención.

Clima de época global: hipervelocidad, crisis ambiental, un gobierno nacional sometido a intereses particulares y/o foráneos, y el crimen organizado cada vez más protagónico en las decisiones del país.

  1. Estrategias para la transformación: espacios colectivos, cuidado de equipos, participación política y revisión curricular

Frente a este panorama, Barúa Caffarena propone cuatro líneas de acción:

Primero: construir espacios colectivos de confianza y escucha genuina

“Necesitamos construir espacios colectivos de confianza y escucha, gremiales, sanitarios, a diferentes distancias. Recuperar esa confianza y la escucha en espacios procesuales, no solo  talleres aislados. Cambiar la cultura institucional donde prima la desconfianza y el grito. Los chismes en las instituciones son estrategias compensatorias de comunicación cuando no hay una escucha genuina. La gente se compensa hablando diagonalmente porque sabe que si habla frontalmente la van a castigar.”

Segundo: promover los intercuidados de equipo

“Los equipos son un recorte institucional fundamental. Nombramos como los intercuidados de equipo a los conocimientos de cuidado que cada equipo ya tiene y que hay que poner en valor. Necesitamos muchísimo promover la cultura de cuidado de equipos”.

Tercero: participación política en los temas colectivos del país

“Participación es salud mental. ¿Cómo nos implicamos en esas decisiones colectivas, reconociendo no solo temas que nos afectan inmediatamente, sino temas que hacen al sentido de la nación?”.

Cuarto: revisar los currículos de formación de pre y posgrado

“Revisar todos estos temas que fui colocando, para ver qué lugar requiere en los currículos de formación de pre y posgrados”.

  1. Un llamado al diálogo presencial con la enfermería

Al final de la conversación, Barúa Caffarena se mostró abierto a profundizar el intercambio:

“Podemos hacer un intercambio presencial con ustedes para hablar de salud mental y enfermería mucho por aprender de ustedes”.

La APE recoge este guante y convoca a las filiales y comités a participar en futuros encuentros con el especialista para diseñar estrategias concretas de cuidado de la salud mental del personal de enfermería.

CONCLUSIÓN

El análisis de Agustín Barúa Caffarena es una invitación a mirar sin eufemismos la salud mental del personal sanitario. No se trata solo de estrés o burnout, sino de una crisis que involucra la formación profesional, la organización institucional, las dinámicas de poder, la falta de derechos y un contexto social adverso. La propuesta es clara: necesitamos espacios colectivos de escucha genuina, intercuidado de equipos, participación política y una profunda revisión de lo que enseñamos y cómo lo enseñamos.

La Asociación Paraguaya de Enfermería (APE) asume el compromiso de impulsar estas conversaciones y de promover entornos laborales donde pedir ayuda no sea un signo de debilidad, sino de humanidad y responsabilidad profesional.

El agotamiento y la sobreexigencia crónica despojan al personal sanitario del tiempo para sentir, para descansar y para cuidarse. Una reflexión sobre los ritmos laborales que enferman.

La espiral de obligaciones autoimpuestas y externas que habita en la mente de muchos profesionales. El exceso de responsabilidades sin pausa es un factor clave del desgaste emocional.

Un llamado a preservar la sensibilidad y la humanidad en entornos laborales que tienden a endurecer, despersonalizar y silenciar las emociones.

La falta de espacios de escucha y contención emocional deriva en reacciones desproporcionadas, conflictos y malestar. Una invitación a reconocer y gestionar lo que se siente.