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«La enfermería es la estructura que sostiene la salud pública»: entrevista a la Lic. Dora Sotelo, enfermera de San Juan del Paraná, Itapúa

Dora relata las peripecias que fue superando a lo largo de tres décadas en la profesión, destacando una experiencia que le toco vivir en una de las largas jornadas de vacunación en la antigua isla del medio donde trasladaba por medio de una canoa acompañado de un antiguo pescador, las condiciones climáticas cambiaron ese día que casi provoca que naufrague la vieja embarcación perdiendo la bolsa de jeringas, torundas y la infaltable, gotitas para la fiebre que es el pedido infaltable de las madres posterior a la vacunación.

En el marco de visibilizar experiencias significativas de enfermeras que han sido referentes y pilares fundamentales de la salud en sus comunidades, entrevistamos a la Lic. Dora Sotelo, enfermera de San Juan del Paraná, distrito de Itapúa. Con 35 años de trayectoria, su vida profesional atraviesa la historia reciente del país: desde sus inicios en tiempos de la dictadura, estudiando en la primera escuela de auxiliares de enfermería con docentes monjas, hasta convertirse en una de las primeras enfermeras del distrito y responsable del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) en la región. Su testimonio rescata las duras condiciones de trabajo —jeringas reutilizables esterilizadas con flameado, desplazamientos en moto o a caballo por zonas recónditas, y una canoa que casi naufraga en la Isla del Medio— y nos deja un mensaje contundente para las nuevas generaciones: la enfermería es la estructura que sostiene la salud pública, especialmente en los primeros niveles de atención.

Desarrollo

Introducción: una vida dedicada al cuidado

La Lic. Dora Sotelo es una de las grandes referentes de la enfermería en el departamento de Itapúa. Fue una de las primeras enfermeras que trabajó en el distrito de San Juan del Paraná, siendo la gran responsable de uno de los programas icónicos del Ministerio de Salud: el Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) . En una época en que los niños nacían con la asistencia de parteras empíricas, en su mayoría en hogares vulnerables o en el Hospital Regional de Encarnación, Dora Sotelo asumió la misión de llevar la vacunación a las comunidades más alejadas.

«En esos años, se buscaba erradicar el sarampión y el tétanos neonatal, también conocido como el mal de siete días» , recuerda.

Inicios en tiempos de la dictadura

Sus inicios en la carrera de enfermería estuvieron marcados por el contexto histórico del país. Ejerció la profesión en el distrito de San Juan del Paraná, en la seccional colorada de la ciudad, como era habitual en tiempos de la dictadura. En ausencia de médicos en el lugar, se convertía en el único personal de salud en 15 kilómetros a la redonda.

Estudió en la primera escuela de auxiliares de enfermería, ubicada en el edificio del Hospital Regional de Encarnación. Sus docentes, en su mayoría, eran monjas venidas de la ciudad capital. Posteriormente, realizó sus estudios superiores en la Universidad Católica, obteniendo el título de licenciada en enfermería y adquiriendo mayores conocimientos y herramientas científicas.

Recursos limitados y vocación infinita

La Lic. Sotelo recuerda ese lejano inicio en el tiempo de la dictadura, entre «vaka.i, picadillo, galleta cuartel y las jeringas reutilizables esterilizadas con el flameado» . En aquellos años, no existían los insumos descartables; todo se hervía o se flameaba para reutilizarlo. La falta de recursos no era un obstáculo para su entrega: era responsable de visitar las casas en moto o montada a caballo en las zonas más recónditas de su comunidad, buscando vacunar a esos niños que muchas veces no asistían al servicio de salud.

Una anécdota que navega en la memoria

La profesional relata las peripecias que fue superando a lo largo de tres décadas en la profesión. Destaca una experiencia que le tocó vivir durante una de las largas jornadas de vacunación en la antigua Isla del Medio. Se trasladaba por medio de una canoa, acompañada de un antiguo pescador. Las condiciones climáticas cambiaron ese día y casi provocan que naufrague la vieja embarcación. Perdió la bolsa de jeringas, torundas y la infaltable «gotitas para la fiebre» , que era el pedido infaltable de las madres posterior a la vacunación.

«Perdí todo, pero no perdí la vocación. Al día siguiente, con los recursos que pude conseguir, volví a la isla. Esa familia me esperaba con los niños. Así era la enfermería en esos años.»

Un mensaje a la nueva generación

Por último, la Lic. Sotelo destaca que la enfermería es la estructura que sostiene la salud pública, principalmente en los primeros niveles de atención, sobre todo en distritos lejanos con comunidades vulnerables. La vocación de enfermería, el arte de cuidar, implica el compromiso de brindar un trato de calidad y calidez con el enfoque humanitario que exige este oficio.

«La enfermería no es solo técnica; es el arte de cuidar con la prevención de la mano. El enfermero debe involucrarse en la atención de la comunidad por medio de la educación, para poder fomentar la conciencia colectiva en el cuidado de la salud de las personas y la comunidad.»

Conclusión

La Lic. Dora Sotelo fue la pionera en el cuidado de la salud preventiva de su comunidad, encabezando largas jornadas de vacunación y atenciones de urgencia en horarios nocturnos. Su entrega al cuidado de los pacientes fue siempre su sello distintivo. La historia de la Lic. Dora Sotelo nos recuerda el significado profundo del símbolo de la enfermería: la luz y la esperanza, el conocimiento y la dedicación hacia el ejercicio de nuestra vocación en forma desinteresada.

Su legado nos enseña que la enfermería moderna no puede olvidar sus raíces. En un mundo de tecnologías avanzadas y protocolos sofisticados, la esencia del cuidado sigue siendo la misma: estar presente, educar, prevenir y acompañar a las comunidades, especialmente a las más vulnerables. La Lic. Dora Sotelo es un testimonio vivo de que la enfermería es, y siempre será, la estructura que sostiene la salud pública.