Salud pública, liderazgo y trabajo territorial
Autor: Dr. Cristhian Mauryce Cabrera Fleitas, Presidente de la Asociación Paraguaya de Enfermería – Filial Concepción
aperevista@gmail.com

Centinelas de la Salud: Equipo del Hospital Distrital de Horqueta durante la Campaña Nacional de Vacunación. La enfermería de campo representa el motor invencible que sostiene a Paraguay libre de sarampión a través del trabajo territorial.
Entre el 9 de marzo y el 9 de mayo de 2026, la enfermería paraguaya protagoniza una de las cruzadas sanitarias más intensas de los últimos años: la Campaña Nacional de Vacunación de Seguimiento contra Sarampión y Rubéola. Desde la Filial Concepción de la APE, su presidente, el Dr. Cristhian Cabrera, comparte la experiencia vivida en el territorio: la vigilancia constante en los 75 servicios de salud de la Primera Región Sanitaria, el liderazgo técnico que marcó el rumbo desde el nivel nacional hasta cada distrito, y la capacidad de autogestión de los jefes de PAI para superar las limitaciones logísticas. Este artículo es un homenaje a la enfermería de campo, que con su presencia, pericia y compromiso sostiene el estatus de país libre de sarampión.
DESARROLLO
La sostenibilidad de la salud pública se construye en el territorio
Mantener a nuestro país libre de enfermedades que en otras regiones siguen causando dolor no es una casualidad; es el resultado de una construcción diaria, silenciosa y estratégica. Como profesionales de enfermería, entendemos que la sostenibilidad del estatus “Libre de Sarampión” en Paraguay es una misión que llevamos grabada en el compromiso con nuestra gente. Entre el 9 de marzo y el 9 de mayo, viviremos una de las cruzadas más intensas de nuestra carrera, donde estoy seguro que una vez más quedará demostrado que el éxito de la salud pública del país descansa, en un cien por ciento, sobre los hombros de la enfermería.
La vigilancia en el terreno: nuestro escudo diario
Para nosotros, la sostenibilidad no es un gráfico en una oficina, es la presencia constante en cada comunidad. Nuestra función es ser los ojos del sistema de salud. En los 75 servicios de salud de la Primera Región Sanitaria se viven esos días de lluvia persistente, donde los caminos se vuelven trampas de barro. Por otro lado, persistir bajo el sol y el polvo demostrando que la prioridad será mantener la presencia en el territorio, sin importar los días intensos de calor que agotan el cuerpo ni las nubes de polvo que cubren cada trayecto.
El éxito seguirá dependiendo de la pericia técnica y humana de ese personal de campo que, con el uniforme impregnado del rastro del camino, no se detiene hasta llegar a la última casa. Transformamos ese agotamiento físico en la energía necesaria para derribar el rechazo de los padres temerosos y convertirlo en el abrazo agradecido de familias que valoran que, pese al clima extremo, hayamos llegado hasta su puerta. Hacemos de la caminata una estrategia de concienciación, convirtiendo las largas jornadas bajo el sol radiante, con el termo al hombro y el sudor en la frente, en nuestra mejor herramienta de educación.
Nuestra acción futura es que cada enfermero siga siendo ese líder que convence a una madre tras otra, demostrando que ninguna distancia ni condición climática es superior a nuestra voluntad de inmunizar. El contacto humano, forjado en la adversidad del polvo y el calor, es lo que finalmente seguirá cerrando las brechas de vacunación, y demostrará con esa imagen pura de lo que significa ser un centinela de la salud. Esa vigilancia es la que nos permite asegurar que el virus no encuentre una rendija por donde entrar.
Un liderazgo que marca el rumbo
Nada de esto hubiera sido posible sin una brújula clara. Desde la capital, el Director Nacional del PAI, Lic. Luis Cousirat, marcó una hoja de ruta con lineamientos técnicos que nos dieron la seguridad necesaria para actuar. En nuestra Región de Concepción, esa visión se tradujo en acción bajo la dirección de la Lic. Liza Avalos en la Jefatura Regional del PAI y del Dr. Cristhian Cabrera en el Departamento Regional de Enfermería.
Se viven momentos de mucha presión en las salas de reuniones, que a veces parecían verdaderos centros de comando. Ver a líderes enfermeros tomar decisiones basadas en la realidad del campo nos dio la confianza de que no estábamos solos. Había una cadena de mando que hablaba nuestro mismo idioma técnico y compartía nuestra misma pasión.
El arte de la autogestión: hacer mucho con poco
Uno de los mayores desafíos fue la logística. Hubo momentos donde los recursos materiales parecían insuficientes para la magnitud de la meta. Fue aquí donde los jefes de PAI, todos colegas enfermeros, sacaron a relucir su capacidad de gestión. No se quedaron esperando soluciones; salieron a buscarlas.
Fuimos testigos de cómo se articularon alianzas con directores de hospitales, intendentes y actores sociales para conseguir desde un vehículo hasta el último litro de combustible. “Si no hay, lo gestionamos”, era el lema que escuchábamos en cada distrito. Ver a un jefe de PAI lograr que un vecino prestara su camioneta para que la brigada llegara a ese asentamiento lejano donde los niños nos esperaban, es la prueba de que el enfermero es, ante todo, un gestor de soluciones.
CONCLUSIÓN
Mirando hacia el futuro, nuestro compromiso no termina con un calendario. El agotamiento físico que se pudiera sentir se transforma hoy en un orgullo motorizado que nos impulsa a las siguientes acciones concretas para garantizar la salud nacional. Un compromiso que se renueva: esta visión de una enfermería empoderada es nuestra promesa hacia el futuro. Desde el liderazgo nacional hasta el vacunador en el rincón más remoto, seguiremos demostrando que la salud de nuestra patria está y seguirá estando en las mejores manos, porque son manos de enfermería comprometidas con la excelencia y la vida.
En este desafío forjo mi respeto y el deseo de éxitos a todos los jefes de PAI y enfermeras/os jefes regionales de los 17 departamentos del país y las 18 regionales sanitarias.
Convocatoria: La APE invita a todas las filiales a compartir sus experiencias en el territorio, porque la fuerza de la enfermería paraguaya se construye desde cada región, cada servicio de salud y cada comunidad. Sus historias son parte de nuestra memoria colectiva y del legado que dejamos a las futuras generaciones.