Autor:Víctor Báez Mosqueira
victorbaezmosqueira@outlook.com
Edición: Liz Carolina Aguilera Ruiz Díaz. Comité de Prensa de la Asociación Paraguaya de Enfermería.
lizcarol.2010@gmail.com

Les saludo y les deseo que estén bien, a pesar de las adversidades que soportan, porque sabiendo que ustedes son parte de la columna vertebral del sistema de salud, una gran cantidad de profesionales ni siquiera percibe el salario mínimo y debe rogar atención médica a galenos del entorno, porque no tienen seguro médico.
¿Cómo puede funcionar un sistema cuando quienes cuidan la salud de la población no tienen, ellos y ellas mismos, garantizados sus propios derechos por parte de las autoridades?
La seguridad social, según el Convenio 102 de la OIT, ratificado por el Paraguay, debe garantizar atención médica integral, medicamentos, licencias por enfermedad, seguro de desempleo, jubilación y protección para las familias. Por su parte, la protección social debe ir aún más allá, asegurando condiciones de vida digna para todos los habitantes. Cuando un enfermero/a trabaja años y ni siquiera tiene una cobertura adecuada, el Estado está fallando en lo más básico. El problema no es solamente cómo se gasta el dinero del presupuesto de salud, sino que dicho presupuesto es altamente insuficiente. Miles de millones van para pagar la tercerización de servicios como, por ejemplo, imagenología, terapia intensiva, ambulancias, análisis clínicos, lavandería, etc. Eso debilita la salud pública y enriquece cada vez más a los empresarios de la salud privada. Sin embargo, el 70 por ciento de la población recurre a esa salud pública debilitada, el 20 por ciento al IPS que también depender el Presupuesto General de la Nación y que está siendo dinamitado desde adentro y bombardeado desde afuera, Solamente el 10 por ciento recurre a los establecimientos privados de salud. Así, queda muy claro cuáles son los sectores que el gobierno debería fortalecer para que no dependa de las contrataciones donde el sector privado se lleva la parte del león.
Aquí los gobernantes nos hablan de un sistema mixto de salud, poniendo como ejemplo a Uruguay. Lo que no nos dicen es que el sistema mixto de salud en el país charrúa se hace entre el sector público e instituciones de salud sin fines de lucro. Esta diferencia es fundamental y demuestra que hay modelos posibles donde el objetivo no es la ganancia sino la atención universal y de calidad.
Por otro lado, en Paraguay seguimos atados a un modelo hospitalocéntrico, a sabiendas de que prevenir cuesta menos que curar.
Asimismo, el Círculo Paraguayo de Médicos sostiene que el Ministerio de Salud Pública funciona más como una oficina de compras y de pagos, con especial interés en las licitaciones. Sabemos lo que eso significa, además de no cumplir la función de ponerle una brújula a la política sanitaria del país. Por lo que estamos viendo, el desempeño del IPS no es diferente.
Por otro lado, el presupuesto que, en Paraguay, se destina a la salud y a la educación es altamente insuficiente. Las asignaciones son hechas entre cuatro paredes, sin participación de la ciudadanía, para conveniencia de quienes detentan el poder político y económico real, no para el bienestar de quienes viven de su trabajo.
En consecuencia, repetimos, además de gastar mal, se asignan recursos insuficientes a la salud. Esta espada de doble filo corta de cuajo las aspiraciones de la gente a una vida mejor.
Con frecuencia nos dice el gobierno que no hay recursos para un mayor presupuesto. Y aquí corresponde preguntar por qué esos sectores, como los agroexportadores y los banqueros, que ganan muchísimo y pagan poco o nada de impuestos, no empiezan a contribuir para el verdadero desarrollo de nuestro país, pagando lo que desde hace tiempo deben pagar.
Solamente habrá justicia social en el Paraguay, cuando haya justicia fiscal y cuando un poder judicial independiente realmente combata la corrupción.
Victor Báez Mosqueira
Ci 485472
Conclusión
Solamente habrá justicia social en el Paraguay, cuando haya justicia fiscal y cuando un poder judicial independiente realmente combata la corrupción. La APE comparte y hace suyas las preocupaciones expresadas en esta carta abierta. La situación de las enfermeras y enfermeros paraguayos no es un problema aislado: es el síntoma de un modelo de país que prioriza los intereses de unos pocos sobre el bienestar de la mayoría.
La Asociación Paraguaya de Enfermería reafirma su compromiso de seguir luchando por:
– La asignación de un presupuesto digno para la salud pública.
– La transparencia en las licitaciones y el fin de la tercerización abusiva.
– La garantía de derechos laborales y seguridad social para todos los profesionales de enfermería.
– La participación ciudadana en las decisiones presupuestarias.
– Una justicia fiscal que obligue a los sectores más ricos a contribuir con el desarrollo del país.
Cuando quienes cuidan son abandonados, toda la sociedad se enferma.